Un operario chino atrapado en el túnel de una central hidroeléctrica y una mujer de 60 años fueron hallados con vida en medio de las tareas de socorro. La tragedia desatada por el colapso de un glaciar ya deja más de 1.300 muertos y cerca de 900 obreros desaparecidos bajo el lodo.
En una carrera contra el tiempo y en medio de un escenario devastador, los equipos de rescate lograron este sábado extraer con vida a dos personas atrapadas desde hacía diez días tras las catastróficas inundaciones repentinas en el norte de Nepal. Las milagrosas operaciones —que permitieron rescatar a un trabajador de nacionalidad china dentro de un complejo hidroeléctrico y a una mujer de 60 años en una vivienda semienterrada— aportan un hálito de esperanza en una zona donde la cifra oficial de fallecidos ya supera las 1.360 personas. El desastre natural se desencadenó cuando un imponente desprendimiento de hielo en un glaciar provocó un alud masivo de agua, piedras y lodo que arrasó asentamientos enteros a lo largo del cauce del río Trishuli. La violencia del torrente golpeó con especial dureza a las infraestructuras energéticas de la región, dejando atrapados a cientos de trabajadores. Entre ellos se encontraba Lu Haitao, el operario chino localizado a más de 200 metros de profundidad en las galerías de la central Upper Trishuli-1 gracias a un despliegue coordinado entre el Ejército nepalí y brigadas internacionales.
A pocos kilómetros río abajo, en la localidad de Betrawati, las cuadrillas de emergencia rescataron a Chandika Shrestha, una mujer de 60 años que permaneció diez días atrapada en el último piso de una edificación de cuatro plantas sepultada por la masa de fango. La anciana fue estabilizada y trasladada de urgencia a una dependencia militar para recibir atención médica intensiva.
A pesar de estos hallazgos extraordinarios, el panorama humano y material continúa siendo crítico:
Se calcula que más de 900 operarios de centrales hidroeléctricas permanecen desaparecidos o incomunicados dentro de la red de túneles.
La Organización de las Naciones Unidas estima que 35.000 personas requieren refugio de emergencia y más de 43.000 enfrentan severo riesgo alimentario.
La destrucción vial abarca más de 55 kilómetros de rutas y 7.500 viviendas con daños totales o parciales en varios distritos del país.
Las operaciones de búsqueda e ingeniería de emergencia se concentran ahora en perforar las estructuras colapsadas de los complejos hidroeléctricos, donde familiares y socorristas mantienen la angustiosa expectativa de hallar más sobrevivientes en los bolsones de aire de las galerías subterráneas.
